Edulcorantes artificiales sanos y saludables

Te pido disculpas de antemano por el título, ya que, si estás leyendo esto, debo aclararte que si nos referimos a edulcorantes artificiales podemos relacionarlos con seguridad alimentaria pero difícilmente con lo que entendemos con el término “saludable” o al menos bajo mí percepción sobre el significado de esta palabra.

A modo de introducción comúnmente denominamos edulcorante a cualquier sustancia, natural o artificial, que sirve para dotar de sabor dulce a un alimento o producto.

Pero nosotros nos vamos a centrar en los edulcorantes artificiales, o al menos en los de mayor popularidad, ya que muchos de ellos proceden de fuentes naturales TABLA 1 (1).

 

 

Los de mayor consumo a nivel poblacional son:

 

  • Aspartamo (E951)
  • Sacarina (E954)
  • Sucralosa “SPLENDA” (E-955)
  • Stevia “Glucosidos de esteviol” (E960)
  • Xilitol (E-967), sorbitol (E-420),    manitol (E-421) y otros polialcoholes
  • Acesulfamo K (E950)
  • Ciclamato (E952)

 

 

 

Curiosamente el uso de edulcorantes tuvo su “boom” en la era LIGHT.

Al principio todos los productos trataban de ser ”low fat o 0% grasa”, actualmente cambiaron las estrategias de marketing y se han enfocado en los denominados “sugar free o 0% azúcar”.

De esta forma, las empresas de ultraprocesados continúan vendiendo sus porquerías haciéndonos creer que estamos comprando de forma saludable.

 

Irónicamente lo que se pensaba como un remedio para la obesidad y la diabetes, ya que el consumo de edulcorantes no calóricos no parece alterar los niveles de glucosa en sangre ni las hormonas relacionadas con el apetito (2,3).

Aunque no ha resultado ser una solución del todo, incluso podríamos pensar que su uso ha propiciado el efecto contrario (si nos basásemos en prevalencia de sobrepeso-obesidad a escala mundial) FIGURA 1.

Pero ahí también erraríamos, que no sea la solución tampoco indica que sea la causa ,ya que siempre que hablemos de obesidad, debemos saber que se trata de una enfermedad crónica multifactorial por lo que no depende de un solo factor y menos por un único consumo de un elemento en nuestra dieta.

Figura 1. Tendencias en la prevalencia de sobrepeso (incluyendo obesidad) en adultos para determinados países de la OCDE.
Fuente: Estimaciones de la OCDE basadas en encuestas nacionales de salud.

 

Entonces la pregunta es la siguiente:

Si los edulcorantes no son buenos ¿Son malos?

-Muchos de ellos (caso de aspartamo, sacarina, ciclamato) estuvieron en el punto de mira en cuanto a riesgo de cáncer pero finalmente distintos organismos de seguridad alimentaria (JECFA, FDA, EFSA, AFSSA) dictaminaron que eran seguros a dosis habituales (4,5), concluyeron de esta forma que dichos estudios donde los marcaban de inseguros, no presentaban un diseño del todo correcto (Estudios observacionales o estudios realizados en roedores (6) ) y que no aportaban suficientes pruebas para asociar causalidad con el efecto carcinógeno.

De todas formas, a cada edulcorante artificial se le ha acusado de una cosa diferente, ejemplo del aspartamo (cuando se digiere pasa a ácido aspártico y fenilalanina) por lo que no se le recomienda a embarazadas y niños que puedan sufrir de (PKU) “fenilcetonuria” trastorno del metabolismo por el cual el cuerpo no metaboliza adecuadamente el aminoácido fenilalanina, por deficiencia o ausencia de enzima fenilalanina hidroxilasa. Esta acumulación puede dañar el sistema nervioso central y ocasionar daño cerebral.

Otro ejemplo es el de la sacarina, donde se le relacionó con cáncer de vejiga (7), todo esto se comprobó que era un riesgo exclusivo de roedores (problema de hacer estudios con ratones y extrapolarlo a los humanos).

Resumiendo; ningún edulcorante a dosis habituales presenta riesgo contra nuestra salud teniendo en cuenta la evidencia actual, también queda ser prudente y documentarse en cuanto consumo crónico como está ocurriendo en la actualidad.

Ahora veamos la cara B de estos, no es todo tan bonito, son seguros en cuanto su acción carcinogénica (eso ha quedado bastante claro) pero ahora vamos a centrarnos en otros mecanismos ignorados hasta la fecha que si podría tener relación con que sean en cierto modo una falsa-solución frente a la epidemia de la obesidad.

Líneas de investigación relacionan el uso de edulcorantes a trastornos a nivel de microbiota, alterando nuestra flora intestinal a largo plazo (8,9).

Mucha gente no lo sabe, pero nuestra flora intestinal es prácticamente nuestro segundo cerebro tiene más que relación con innumerables procesos metabólicos, incluso llegando a ser una de las respuestas a la epidemia de obesidad y diabetes actual (10).

Pero esto no es todo amigos, de forma general los edulcorantes se encuentran en productos procesados e hiperpalatables, gracias a estos aditivos seguimos reforzando el sistema de recompensa y placer de los sabores dulces e intensos formando un cóctel a nivel somatosensorial potentísimo creando de esta forma una total adicción (11–13), haciendo no solo la imposibilidad de reeducar nuestro paladar, sino alterando nuestra conducta y provocando rechazo ante alimentos de calidad y desplazando los que realmente son ricos nutricionalmente hablando (frutas, verduras, legumbres etc…).

Al igual también comentar que estos edulcorantes no vienen solos, la mayoría de las veces están acompañados de grasas vegetales refinadas, harinas de mala calidad y otros aditivos (no todos presentan riesgos) que buscan alargar la vida del procesado, pero lamentablemente dañando a largo plazo la salud del consumidor.

Solución a todo esto, pues yo personalmente la tengo clara: reducir el consumo de estos sustitutos del azúcar (sobre todo de procesados) y educar nuestro paladar poco a poco, disminuyendo las dosis progresivamente hasta llegar a un proceso de adaptación donde no necesites uso de sabores intensos para apreciar la COMIDA DE VERDAD.

 

  1. Gracia M, Fdez C, García J. Una visión global y actual de los edulcorantes. Aspectos de regulación. 2014;28:17–31.
  2. Bryant CE, Wasse LK, Astbury N, Nandra G, McLaughlin JT. Non-nutritive sweeteners: no class effect on the glycaemic or appetite responses to ingested glucose. Eur J Clin Nutr. 2014;68(5):629–31.
  3. Steinert RE, Frey F, Töpfer A, Drewe J, Beglinger C. Effects of carbohydrate sugars and artificial sweeteners on appetite and the secretion of gastrointestinal satiety peptides. Br J Nutr. 2011 May 24;105(9):1320–8.
  4. Opinion S. Statement on two recent scientific articles on the safety of artificial sweeteners. EFSA J. 2011;9(2):1–5.
  5. Aids P. Opinion of the Scientific Panel on Food Additives , Flavourings , Processing Aids and Materials in Contact with Food on a request from the Commission related to Pullulan PI-20 for use as a new food additive Question number EFSA-Q-2003-138 adopted on 13 Ju. 2004;1–32.
  6. Olney JW, Farber NB, Spitznagel E, Robins LN. Increasing brain tumor rates: is there a link to aspartame? J Neuropathol Exp Neurol. 1996 Nov;55(11):1115–23.
  7. Chronic toxicity and carcinogenicity to the urinary bladder of sodium saccharin in the in utero-exposed rat. Toxicol Appl Pharmacol. 1980 Jun 15;54(1):57–75.
  8. Suez J, Korem T, Zeevi D, Zilberman-Schapira G, Thaiss CA, Maza O, et al. Artificial sweeteners induce glucose intolerance by altering the gut microbiota. Nature. 2014 Oct;514(7521):181–6.
  9. Abou-Donia MB, El-Masry EM, Abdel-Rahman AA, McLendon RE, Schiffman SS. Splenda alters gut microflora and increases intestinal p-glycoprotein and cytochrome p-450 in male rats. J Toxicol Environ Health A. 2008;71(21):1415–29.
  10. AL K. The microbiome and risk for obesity and diabetes. JAMA. 2017 Jan 24;317(4):355–6.
  11. Green E, Murphy C. Altered processing of sweet taste in the brain of diet soda drinkers. Physiol Behav. 2012 Nov;107(4):560–7.
  12. Swithers SE, Martin AA, Davidson TL. High-intensity sweeteners and energy balance. Physiol Behav. 2010 Apr;100(1):55–62.
  13. Jiménez Herrero LM. Lo que dice la ciencia sobre dietas, alimentación y salud : 75 respuestas para apasionados y profesionales de la nutrición. 442 p.

 

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